La apuesta rotunda de García Panasco por Brindisi abortó una posible negociación con Maradona, casi desconocido entonces en Europa.

 

La aportación a la UD Las Palmas de los futbolistas argentinos, en grado de excelencia, es un hecho incontestable. Los distinguidos por el club, justamente, fueron en su conjunto un ejemplo de profesionalidad, pundonor y lealtad. Rivalizaron en entrega y sacrificio  con los canteranos ya consagrados, que pocos años antes, en 1968, habían protagonizado la mayor hazaña deportiva hasta hoy, en la historia del club.

Trece futbolistas y un entrenador, canarios todos ellos, más un portero de origen vasco, afincado en Las Palmas, llevaron  a la UD de la época  a disputar el título de Liga al Real Madrid y al Barcelona en dos temporadas consecutivas. El “once” amarillo de aquellos tiempos se recitaba en los patios de los colegios canarios con entusiasmo y admiración: Oregui; Martín, Tonono, José Luis; Castellano, Guedes; León, Gilberto II, José Juan, Germán y Gilberto I. Habría que añadir otros tres nombres, los de Aparicio, Niz y Ló, que el técnico de entonces, Luis Molowny, utilizaría contadas veces por expulsión o lesión de algunos de los titulares citados.

Los argentinos de mayor relieve vinieron más tarde. El primero de ellos, Daniel Carnevali, lo hizo en el año 1973 para reemplazar al mítico Antonio Betancort, que había rendido anteriormente excelentes servicios al Real Madrid, además de en la UD Las Palmas, y había sido suplente de Iríbar en el Mundial de Londres. Arribó a Gran Canaria el mismo año de Johan Cruyff al Barça, y del fallecimiento de Juan Trujillo Febles, presidente emblemático de la UD. El óbito se registró coincidiendo con la estancia de García Panasco en la capital argentina para cerrar el fichaje del arquero.

Pese a su aureola de internacional con Argentina, el comienzo de Carnevali no fue fácil en la UD Las Palmas. La lentitud de la burocracia hispano-argentina impidió su debut en la apertura de la Liga. Después, la espectacular forma que demostró Catalá bajo los palos en aquellos inicios de la competición, con la confianza de Pierre Sinibaldi, entrenador,  retrasó su presencia en la alineación inicial. No dejaba de resultar extremadamente chocante la espera del internacional argentino para su debut. Sin embargo, una tarde desafortunada de Catalá, que costó la derrota a la UD, propició su relevo en la portería por Carnevali.

Un año después se formalizó la contratación de Quique Wolff, con el propósito de cubrir la baja del tinerfeño  Justo Gilberto, el “motor diesel” de aquella UD Las Palmas colosal, del pasado reciente. Su fichaje no sólo fue motivo de regocijo para los aficionados amarillos, que luego justificaría el propio futbolista con su óptimo rendimiento, antes de ser transferido al Real Madrid. También desbordó de satisfacción en el Diario de Las Palmas de entonces, tras avanzar la primicia de su fichaje con una entrevista telefónica, cuando el jugador se encontraba en un hotel de Granada cubriendo una gira de la selección argentina por España, en vísperas del Mundial de Alemania del año 74.

Wolff, que hoy ejerce exitosamente como comentarista radiofónico y colabora en diversos medios de comunicación de su país, se ganó pronto en Las Palmas la adhesión dentro y fuera del terreno de juego. Mostraba una faceta singular como deportista.

En contraste con el carácter reservado y tímido de Carnevali, él era extrovertido, espontáneo y confiado. Culto, sin pedantería. Recibía en su domicilio familiar, desprovisto de reticencias. Te recomendaba literatura de calidad y autores latinoamericanos. Parecía deslumbrado por la creación de Juan Carlos Onetti, del que me dejó tres ejemplares: “Los adioses”, “El astillero” y “Tierra de nadie”. En cierto modo llamaba la atención que un deportista jovial y vitalista, propusiera un escritor dominado por el pesimismo como Onetti, independientemente de su vena literaria, reconocida años más tarde con el Premio Cervantes.

La etapa del centrocampista argentino derivó en fructífera para el club amarillo y clave en partidos decisivos para la permanencia en Primera División. Al igual que las actuaciones inspiradas de Daniel Carnevali. Por éste se había interesado el Barcelona, pero fue Wolff el que levantó el vuelo para aterrizar en el Real Madrid por iniciativa de Luis Molowny. Allí, junto a Pirri y Del Bosque, entre otros notables de la época “merengue”, Wolff reafirmó sus dotes de futbolista exquisito, con la depurada técnica que ha caracterizado siempre a las figuras argentinas.

En aquellos tiempos pudo haber llegado a la UD Las Palmas otro futbolista del país sudamericano, que acabaría alcanzando categoría de galáctico. Gregorio González Fulgencio, concejal del Taxi y Transportes en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, gustaba de viajar a Buenos Aires. Entre sus contactos y amigos, tenía allí al tanguista Carlos Acuña, conocido aquí por sus actuaciones en un cabaret de la capital grancanaria. Pilar, la hermana de Franco,  dejaba constancia de su admiración por Acuña acudiendo puntualmente desde Madrid para verle en directo en la sala de fiestas canaria.

A la vuelta de uno de sus viajes a Buenos Aires, el edil Gregorio González Fulgencio depositó sobre la mesa del secretario general del club, Jesús García Panasco, un dossier con unos recortes de prensa e informes sobre las virtudes futbolísticas de un adolescente, Diego Armando Maradona, entonces casi desconocido en Europa. La “propuesta” fue estudiada seriamente en la sede de Pío XII.  Pero no prosperó.  El “mandamás” del club durante muchos años, García Panasco, respaldado de forma unánime por la directiva, apostó con rotundidad por Brindisi. La trayectoria de éste ofrecía mayores garantías -como así sucedió- para apuntalar las necesidades de la entidad amarilla en aquel instante.

Además, su calidad humana -extremo que entonces puntuaba casi tanto como la deportiva- era indisociable de la que acreditaba futbolísticamente. Abundaba en ejemplos. Su fidelidad era inquebrantable en el plano de la amistad. Vino de inmediato de Barcelona, donde entrenaba al Español, para despedir al periodista Antonio Lemus cuando su vida se apagaba para siempre en una cama de la clínica Santa Catalina.

En Brindisi,  su bonhomía y  gratitud con todos los que le ayudaron a integrarse fácilmente en la UD Las Palmas  estuvieron siempre al mismo nivel de su máximo rendimiento como futbolista amarillo.

En una ocasión, el gran Santiago Bernabéu levantó una controversia más de las suyas cuando proclamó públicamente  que “los futbolistas en general son como los gatos, ariscos e ingratos”. Evidentemente, la excelencia futbolística argentina que ahora es distinguida por la UD Las Palmas no responde en absoluto a ese perfil negativo. Al contrario. Congratulémonos.

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