
Adolfo Suárez quizás pase a la historia como el presidente que reconcilió a las dos Españas que se enfrentaron en la sangrienta guerra civil de finales de los años 30. Consiguió tan ambicioso, noble y complicado objetivo en menos de cuatro años al frente de gobiernos democráticos. Nunca se arredró ante las dificultades de toda índole: deslealtades de los suyos, ruidos de sables y golpismo militar, una oposición casi siempre despiadada, una escalada terrorista de ETA y los Grapos y una extrema derecha inspiradora de los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha. El vacío que pronto le hizo el poder financiero y la insaciable voracidad reivindicativa de los nacionalismos históricos no fueron problemas menores. Contra todo eso tuvo que luchar este presidente que hoy todos le recuerdan con motivo de su muerte.



La capilla ardiente del presidente de la Cámara de Comercio de Las Palmas, Ángel Luis Tadeo, instalada en el tanatorio San Miguel, ha sido un hervidero multitudinario de amigos y admiradores, para testimoniar su afecto y consternación a su esposa, Pino, a sus tres hijos, Ángel Luis, José y Pino Jéssica, así como a los demás familiares.