La vida se truncó para Roberto en el momento que se encontraba afanado con dos objetivos de divulgación científica: la próxima edición del Eurocast en febrero de 2026, y un posible libro sobre la Inteligencia Artificial.
Roberto Moreno tenía una curiosidad y afán de conocimientos ausente de limites.
Amado Moreno
La curiosidad y afán de conocimientos de Roberto Moreno Díaz (Gáldar, septiembre 1939-Las Palmas de Gran Canaria, diciembre 2025) no tenía limites. Le llevaron siempre más allá de lo que mostraban los libros de su infancia y adolescencia. Para una altura de miras con vocación investigadora como la que acreditó tempranamente, la didáctica escolar y la siguiente le ayudaron, pero no colmaban suficientemente el deseo suyo permanente de ir más allá en sabiduría científica, pese a que la mayor parte de las asignaturas le depararon abundantes resultados satisfactorios.
Obtuvo un caudal de calificaciones que oscilaban entre sobresalientes y matrículas de honor a lo largo de su trayectoria estudiantil (encadenando becas), en especial durante su etapa universitaria en Madrid, antes de acabar doctorándose en ingeniería.
Vino al mundo Roberto cinco meses después del final de la guerra civil española, marcado como el menor de once hermanos en el seno de una familia galdense de condición humilde, que lo educó en el valor del esfuerzo, la sencillez y la solidaridad. Y se ha ido el día de Navidad de este 2025 a las nueve de la mañana en el Hospital Dr. Negrín, donde había ingresado menos de veinticuatro antes por una indisposición repentina, la tarde anterior.
Por expreso deseo suyo previo, se restringieron al máximo las exequias tradicionales de un duelo, antes de ser incinerado a las 14:00 h. del pasado viernes en un tanatorio de la capital grancanaria, donde se había personado un grupo reducido de amigos cercanos y familiares directos, como su viuda Mayte Alonso García, y los hijos Roberto, Cristina, Arminda, Pilar y Ricardo, fruto del primer matrimonio con Arminda Díaz. Todos estos han acordado tramitar el posible vertido de sus cenizas al mar de Sardina del Norte, localidad por la que Roberto expresaba nostalgia, particularmente cuando sufría problemas de salud. “Deseando estoy darme un garbeo por mi playa, que tantos buenos recuerdos me trae. Dedicaría mi devoción a un buen sargo o sama”, “whasapeó” a su amigo y firmante de este texto, en febrero.
La vida se truncó para Roberto en el momento que se encontraba afanado con dos objetivos de divulgación científica: la próxima edición del Eurocast en febrero de 2026, y un posible libro sobre la Inteligencia Artificial. No en vano para el evento primero, el Congreso Internacional sobre Teoría de Sistemas y Computadores, que congrega bianualmente a más de un centenar de ingenieros de diversas partes del mundo en el Museo Elder de Las Palmas, se han recibido ya unas doscientas comunicaciones o ponencias, cifra récord que devuelve el certamen a los niveles de prepandemia. Tras la desaparición del científico galdense, es probable que Alexis Quesada, profesor de Ingeniería en la ULPGC y estrecho colaborador de Roberto, sea quien asuma la coordinación organizativa de la próxima cita.
Simultáneamente, antes de su fallecimiento el Premio Canarias de Investigación 1985 no ocultaba su inquietud con las informaciones respecto a la IA. Contrariado con las múltiples “necedades” que escuchaba o leía a diario sobre la Inteligencia Artificial y sus efectos en la sociedad, se mostró predispuesto a publicar veinte folios con un riguroso análisis, según confió a su amigo Maximiano Trapero en el transcurso de un almuerzo reciente. Ambos compartieron la iniciativa, incluyendo la sugerencia de transformarla en un libro divulgativo de fácil comprensión para el gran público, pasándola por el filtro de un periodista profesional para “traducir” tecnicismos que dificultarían su interpretación.

Cabe recordar hoy que en asuntos tecnológicos, su especialidad era la Cibernética, tanto las ideas como las respuestas de Roberto Moreno eran a menudo claras y contundentes. Como en sus manifestaciones sobre cualquiera otra materia. “Las nuevas tecnologías no dominan nada, dominan los poderosos que las utilizan a su antojo para cambiar los ideales del resto de la Humanidad”, nos dijo en el curso de una entrevista publicada en LA PROVINCIA-Diario de Las Palmas en junio de 2018.
Aquel diálogo sincero, desde la independencia y libertad que le concedía la condición de profesor emérito, dejó más perlas de su talento y experiencia. Al aludir a su integración en Estados Unidos durante la década de los años 60 del pasado siglo como investigador en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), centro adscrito entonces a la NASA para enviar el primer hombre a la Luna, Roberto sostuvo que “en EE.UU conviven paradójicamente la justicia con las mayores injusticias, y el máximo saber con la más absoluta ignorancia”. Agregaría que una sociedad justa y avanzada “se logra solo con una buena educación para todos desde la más tierna infancia, que no existe aquí, ni en Norteamérica”.
Independientemente de su pasión inequívoca por la Ciencia y la Investigación, nuestro personaje canario nunca dejó de disfrutar de sus aficiones culturales. No se perdía los conciertos del Festival de Música de Canarias, mientras su salud lo permitía. El alemán Johann Sebastian Bach era su compositor favorito, aunque tampoco desdeñaba a otros músicos de igual renombre, encuadrados en el barroco.
Una vez jubilado, fue asiduo practicante de la natación y caminatas diarias de un extremo a otro de la capital grancanaria. Su incursión con la pintura llenó muchas de sus horas en el taller del domicilio en la calle Venegas. Ofreció exposiciones, fundamentalmente retratos de amigos y figuras públicas, en salas de la ULPGC, Gáldar y Firgas, entre otros lugares. Suscribía que el arte universal es como “una vía de comunicación simbólica del alto nivel entre humanos, que no necesita intérpretes”.

Roberto Moreno, con su otra pasión, la pintura, en 2018
Conservaba su proverbial humor incluso en momentos que su salud se resentía después de una de esas exposiciones, confesándonos que había “caído bajos los efectos del carnet de identidad. Me cansa casi todo, dolores, contracturas musculares…Voy, pero sigo viniendo”. Recurría inmediatamente a los sabios consejos de sus grandes amigos médicos, Pedro Betancor y Arturo Gómez, aunque este último no dejaba de censurar el déficit tremendo que perdura en la Sanidad pública en cuanto a fisioterapeutas especializados para Gerontología.
Sebastián López García, cronista oficial de la ciudad de los Guanartemes, además de director del Aula de Humanidades y Sociales Celso Martín de Guzmán, y de la Escuela Roberto Moreno Díaz de la ULPGC, como conocedor a fondo del itinerario del destacado científico e hijo predilecto de Gáldar 1988, pone su rúbrica a este perfil asegurando que “Roberto ha sido un canario y galdense ejemplar, de sonrisa perenne y buen humor a flor de piel que nunca olvidó su origen. Un científico que con alma de artista hizo de la pintura un gesto generoso retratando a sus amistades, motivo por el que le recordaremos siempre con cariño y admiración”.
* Publicado en La Provincia el 29.12.25