Guillermo Navarro con Emilia, su hermana de 103 años, el pasado mes de enero.

Antiguos alumnos canarios lamentan hoy la desaparición del que consideraban un Larousse por su saber enciclopédico.
Tras 65 años de sacerdocio, falleció la tarde del jueves a los 92, y hoy sábado será enterrado en el cementerio de San Lázaro

AMADO MORENO

Anticipó su adiós al mundo terrenal. No hace mucho tiempo Guillermo Navarro González reiteraba a sus amigos y familia que confiaba y deseaba alcanzar el siglo de existencia. Fundamentaba la lógica de su aspiración en los muchos ejemplos de sus paisanos longevos de Tejeda, donde nació un 15 de octubre de 1926.

Su padre, Benito, fue alcalde del municipio cumbrero en tiempos del general Primo de Rivera y de la República posterior, y emigró a Cuba en varias ocasiones. Su madre, Lutgarda, falleció pronto y le dejó huérfano a los dos años. Su progenitor volvió a contraer matrimonio en dos ocasiones, por enviudar una segunda vez. La suma de los tres matrimonios dejó 17 hijos. A Guillermo le ha sobrevivido Emilia, hermana con 103 años, que lo visitó el pasado enero en el centro salesiano de la capital grancanaria con motivo del Año Nuevo.

Pese a los sobresaltos y achaques de salud que le llevaron en los últimos tiempos a idas y vueltas, primero a Sevilla y después a la clínica del Perpetuo Socorro (“donde siempre me han tratado con profesionalidad y calor humano”, confesaba) Guillermo Navarro González seguía amando por encima de todo la vida porque esta le permitía desarrollar su vocación salesiana en los principios de Don Bosco, profundizar en sus estudios de Historia y servir al mismo tiempo a la comunidad religiosa a la que pertenecía con las limitaciones que imponía su avanzada edad.

Ha esperado a que pasaran los fastos de la festividad de San Juan Bosco el pasado 31 de enero para irse apaciblemente la tarde del jueves, después de cenar. Jornada en la que había despachado con talante jovial con compañeros y alguna colaboradora a la que dedicó palabras de halago.

En la fecha del 31 de enero LA PROVINCIA-Diario de Las Palmas había colgado un artículo con su firma en el que ofrecía una síntesis pormenorizada de la fundación del Colegio Salesiano de Las Palmas de Gran Canaria, incluyendo los nombres de todos los canarios que alcanzaron el sacerdocio con su congregación.

Todavía conservamos el mail que remitió al día siguiente expresando su complacencia y reconocimiento al periódico por el adecuado tratamiento a su colaboración.

Era esta una muestra más de su sensibilidad humana, una de sus virtudes. Tenía otras más. Era también solidario, culto y valiente. En esta conclusión coinciden todos aquellos que le conocían mejor o trabajaron con él en otros tiempos.

La última prueba de solidaridad la brindó públicamente con su apoyo rotundo a la Plataforma Ciudadana del Norte que ha venido luchando por reconvertir el antiguo edificio de los Salesianos de Guía en residencia sociosanitaria. No le debió ser fácil tomar la decisión, pues implicó que desde su modesta condición sacerdotal tuviera que poner en cuestión la política episcopal con respecto al patrimonio que había legado una dama guiense a la Diócesis. Un asunto conocido en rigor por él desde julio de 1955. En esta fecha fue encargado por el superior de los Salesianos para recibir formalmente de la dama guiense Eusebia de Armas Almeida las llaves del centro que la comunidad empezó a regentar en Guía, hasta 1971.

Su compromiso en esta lucha ciudadana del Norte grancanario ha sido un ejemplo de solidaridad y también de valentía personal, sin traicionar principios de obediencia y disciplina clerical. Noble conducta muy propia de la gente originaria de su paisanaje cumbrero.

En cuanto a su cultura, era tan amplia y variada que muchos de los antiguos alumnos hoy lamentan su desaparición. Continúan recordándole como el Larousse al que recurrían siempre y con prioridad para disipar toda duda en cuanto a conocimientos.

Guillermo Navarro perteneció a la primera promoción de licenciados en Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna en 1966. Su docencia ha incluido igualmente Griego y Latín durante décadas, desarrollando su magisterio por diversos centros de Andalucía (Málaga, Córdoba y Cádiz) y Canarias, hasta su jubilación.

Hoy a las 11.00 horas tendrá lugar la inhumación de sus restos en el cementerio de San Lázaro, que serán trasladados desde el tanatorio San Miguel, donde ayer se instaló la capilla ardiente. Para el martes próximo se anuncia una misa de la comunidad salesiana en su memoria que será oficiada en la parroquia de Santa Catalina de Alejandría.

*Artículo publicado en La Provincia el 9 de febrero de 2019.

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