León es perseguido por el azulgrana Benítez en el Camp Nou

Adiós al futbolista canario más extrovertido, dicharachero y bromista de la mejor UD Las Palmas de la historia

Goleador destacado del equipo amarillo en Primera División, por detrás de Germán y Morete

Amado Moreno

Más pronto de lo que auguraba su eterno optimismo, -tocado a raíz de la muerte de su esposa, María Dolores Torrent-,  nos dice ahora adiós José Manuel León Talavera, el futbolista más extrovertido, dicharachero y bromista de la mejor UD Las Palmas de la historia.

 No es obvio subrayar esto último, lo del mejor equipo de la historia, ante los desvaríos actuales de quienes aparentan ignorarlo, o bien olvidarlo, en enunciados públicos. Aunque les pese, fue el mejor de la historia gracias al esfuerzo y tesón de León y otros canteranos canarios inolvidables. Eran guiados  entonces por una dirección que gestionó con acierto y eficiencia un club modesto en lo económico, pero ambicioso en lo deportivo. Demostró ser capaz de sorprender y desafiar a los grandes dando lecciones y espectáculo con su juego. Décadas después plumas como las del ya desaparecido escritor Manuel Vázquez Montalbán en El País, añoraron aquella UD Las Palmas de finales de los 60.

 Centrados de lleno en el perfil del personaje que motiva el texto, puede afirmarse sin la menor intencionalidad frívola o negativa que León era lo que tradicionalmente se entiende por alegría de la huerta.  Allí donde había tensión sorprendía siempre a sus compañeros de plantilla  con argumentos para la relajación. Desplegaba su ingenio recordando anécdotas que provocaban sonrisas. En uno de esos relatos suyos llegaría a ufanarse de su acceso clandestino al palco del Estadio Olímpico  de Berlín y sentarse en el mismo lugar que Hitler lo hizo en la Olimpiadas de 1936, antes del encuentro de la UD Las Palmas con el Hertha en partido de Copa de la UEFA. Confirmó esta confidencia  a Manuel Borrego para el digital Tinta Amarilla.

Sus ocurrencias en otros momentos recurrían con desparpajo a un oportuno chiste para arrancar carcajadas que inmediatamente disipaban una atmósfera pesada. Era de un fino humor británico que había acentuado en los últimos años con repetidas escapadas a Londres, donde gustaba de pasar semanas de turismo y descanso.

El mítico Iríbar es desbordado por León en el Estadio San Mamés.

Aquí era asiduo del Club Náutico y de la cartelera del Monopol. Acreditaba una cultura cinematográfica de gusto selectivo.  Cultivaba el fair play como  lema en todas sus relaciones, cercanas o no, mostrando una educación en la que se adivinaba una influencia de su formación jesuítica.

Era la alegría de la huerta también en el terreno de juego. Su fútbol incisivo y rápido por la banda derecha, mientras Gilberto I lo hacía por la izquierda -catapultados ambos por Guedes y Germán en su tiempo-, fue calificado a menudo de “bullicioso” por los críticos deportivos de la época: Luis García Jiménez, Antonio Lemus, Pascual Calabuig, Segundo Almeida y Antonio Ayala, entre otros. Acuñaron con el término la peculiaridad de León como futbolista, el sello fijo de su vivacidad y picardía deportiva, sin concesiones al tedio, ni a la falta de imaginación.

 Su verticalidad y velocidad en los contragolpes, además de su intuición y hábil regate como extremo derecho -a veces también fue alineado por la izquierda- presagiaban de inmediato peligro en el área adversaria. Sus incursiones por la banda enardecían de inmediato a la grada del Estadio Insular.

No en vano, por detrás de Germán y Morete fue goleador destacado de la UD Las Palmas durante algunas de sus etapas, con memorables actuaciones que avalaban su eficacia como delantero en la Primera División. Sumó más de setenta dianas en la portería rival.

León evocaba particularmente de vez en cuando con regocijo sus dos goles en el Nou Camp el 25 de diciembre de 1965, donde la UD Las Palmas terminó cayendo por 3-2 debido a un remate del azulgrana Eladio en el minuto 85. Conservaba en su lúcida  memoria las alineaciones. La de sus compañeros Oregui; Aparicio, Tonono, Martín I; Castellano, Guedes; León, Correa, Niz, Vicente y Gilberto I.  Sus oponentes eran Pesudo; Torres, Olivella, Eladio; Benítez, Fusté; Rifé, Muller, Zaldúa, Vergés y Zaballa.

Mucho antes, en 1963, fue internacional Sub-21 con España en el Estadio Insular frente a Portugal, partido que acabó con empate a uno, gracias a un gol del propio León. En el once español jugaron también sus compañeros Castellanos y Martín Marrero, además de otras figuras como Marcial, Uriarte y Gárate. Más detalles no menos interesantes de la trayectoria deportiva de José Manuel León desvela la historia del fútbol canario firmada por el profesor Javier Domínguez García, en la que prima el rigor de su investigación y estudio.

La andadura de León enseña a modo de conclusión que ser la alegría de la huerta no está reñido con el sentido de la responsabilidad en la defensa de unos colores, fundamentalmente los de la UD Las Palmas, a los que siempre sirvió con orgullo y lealtad como futbolista, sin desdeñar su experiencia como entrenador en el mismo club y en otros equipos, con suerte varia.

 En definitiva, supo conjugar su alegría y vitalidad expansivas con la firmeza y seriedad de unas convicciones, sin necesidad de estridencias en su conducta o trabajo. Así se comportó como persona y deportista ejemplar, mucho antes de Saramago sentenciar que “no siempre decir lo que se piensa es signo de buena educación, especialmente si lo que se dice produce un sufrimiento innecesario”. León había asimilado y aplicado esta filosofía personal con bastante antelación a ser corroborada por el Nobel portugués.


*Publicado en La Provincia el 16 de febrero de 2020.

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