Javier Estévez delante de la antigua mansión de Mr. Leacock y Jessie Etchelss en Guía/Juanjo Alonso

“Me da vértigo pensar que en su casa de Guía vivieron personas que compartieron tiempo y espacio con Vanessa Bell, Virginia Woolf, Duncan Grant, Keynes y Bertrand Russell”

“En Londres alternaban (Jessie y su esposo David J. Leacock) con la flor y nata intelectual europea del primer tercio del siglo XX”

  • “Las vidas de ambos son tan ricas que aportan ingredientes muy sugestivos para la dramaturgia”
  • “Su antigua mansión guiense debe convertirse por respeto y justicia histórica en faro cultural y oferta museística insular”
  • “La actriz Guacimara Correa se transforma en una atleta emocional en el papel de la protagonista teatral”
  • “La productora se propone hacer una gira por los principales teatros de Canarias, tras el éxito del estreno”
  • “Cuando cursaba yo Geografía y Ordenación del Territorio una catedrática me aseguró que un buen geógrafo debe ser también un buen escritor”

AMADO MORENO

Aún no se ha apagado el eco del éxito registrado el pasado agosto en el coliseo municipal de Santa María de Guía, y la productora diseña ya una gira de “Yo soy Jessie Etchells” por los principales teatros de Canarias. Trescientas personas abarrotaron y aplaudieron emocionados entonces la obra de Javier Estévez Domínguez. Otros muchos amantes del arte teatral quedaron fuera por haberse cubierto previamente la totalidad del aforo para la ocasión.

Javier Estévez (Santa María de Guía, 1975) combina la pasión por la Literatura con su actividad profesional, titulado en Geografía y Ordenación del Territorio por la ULPGC, en el ayuntamiento de la ciudad norteña; también con sus deberes como padre de familia.

Con anterioridad a la puesta en escena de su texto teatral sobre la pintora vanguardista británica y primera esposa de David J. Leacock, revolucionario éste de las técnicas agrícolas en el Norte de Gran Canaria en el pasado siglo XX, Javier Estévez publicó “Días de paso”, su primera novela, con Círculo Rojo, y “Gigantes en las Hespérides”, catálogo literario de árboles singulares de Canarias, lujosa edición impulsada por la Obra Social de La Caja de Canarias.

– ¿Cuáles han sido sus principales fuentes de documentación para enmarcar en clave teatral la figura de la protagonista de la historia, con poco más de diez años de residencia en Gran Canaria?  

Ha sido tremendamente difícil encontrar documentación sobre Jessie Etchells. En un principio, en castellano, su vida apenas ocupaba un par de líneas en las distintas biografías de su marido, David John Leacock. Poco a poco me fui obsesionando con saber quién fue realmente aquella mujer que se había codeado con los miembros más egregios del círculo de Bloomsbury y que había residido durante unos doce años en Becerril de Guía, entonces una pequeña aldea de poco más de diez casas. De este modo, los escasos testimonios que encontré en un principio los amplié leyendo todo lo publicado que localicé de su etapa artística como pintora, rastreando en internet y también preguntando a los especialistas.

La casi totalidad de la documentación que conseguí reunir sobre ella fue a través de artículos académicos y periodísticos en inglés sobre su actividad artística. Igualmente, de su etapa artística, pues fue una de las principales representantes de las vanguardias inglesas de principios del siglo XX, obtuve datos e información muy valiosa, aunque escueta, gracias a las referencias de otros, como por ejemplo de su hermano Frederick y de su amiga Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf, quien en su diario personal relata aspectos muy puntuales de Jessie Etchells gracias a las exposiciones e inquietudes artísticas que ambas compartieron.

Sin embargo, y curiosamente, de su etapa como residente en las afueras de Las Palmas (entonces San Lorenzo), y de su estancia en Becerril de Guía apenas encontré documentos y testimonios.

–  Sorprende un poco que una dama de comienzos del siglo XX racionalmente feminista, con desdén para otros muchos pretendientes  como la describe en su obra de teatro, hermana del pintor y arquitecto notable, Frederick Etchells, caiga rendida súbitamente en brazos de un compañero de la universidad de Cambridge, el ingeniero David J. Leacock

Al menos, hasta donde yo sé, nadie sabe a día de hoy cómo surgió el amor entre ellos. El teatro, a diferencia, de la historia, no tiene por qué incidir en lo que realmente ocurrió. Yo aprovecho esos vacíos, esa oscuridad, esa ausencia de datos en la biografía de ambos y que nadie ha conseguido aún sacar a la luz, para crear un relato de cómo podría haber sido. El primer encuentro entre Jessie y D. J. Leacock responde a esa “norma” creativa. El espectador debe saber que está ante una obra de teatro, no ante una biografía excesivamente elogiosa del personaje.

– Tras la separación (que no divorcio) y emprender el regreso de Las Palmas a Inglaterra, ella no culpa del fracaso matrimonial a su esposo y afirma que él tampoco la culpa a ella, coincidiendo ambos en los vanos esfuerzos por recuperar una relación que ya no era como deseaban, según transmite su texto al espectador de la obra. ¿Es una licencia literaria suya o está documentada?

Ha sido Juan Mayorga quien con mayor lucidez ha reflexionado sobre el teatro histórico y las diferencias entre el historiador y el dramaturgo. La búsqueda de lo universal puede exigir al dramaturgo a renunciar a la fidelidad del documento.  Aunque eso signifique subordinar lo real a lo verdadero. Y yo escribo sobre la verdad de Jessie en la que yo creo. Pero para responder concretamente a su pregunta, le diré que en la obra hay una equilibrada y trabajada combinación entre las licencias que me tomé a la hora de escribir el drama  y la necesidad de contar determinados hechos tal cual ocurrieron.

– En estos tiempos de reivindicaciones de igualdad de género y empoderamiento de la mujer, el pensamiento que usted atribuye a Jessie Etchells parece haber sido una premonición en los comienzos de su siglo…

A veces, uno mira hacia atrás y tiene la impresión de que poco o nada se ha avanzado a pesar del transcurso del tiempo. Y en ese sentido, la lucha por los derechos de la mujer, de su equiparación con el hombre, son, por desgracia, y en muchos casos, bastante similares entre los de principios del siglo pasado y el actual. Pero quiero recalcar que Jessie es actual también porque es, curiosamente, heredera de Nora, la protagonista de ”Casa de muñecas”, la celebérrima obra de Henrik Ibsen que se estrenó en 1879. Nora es una de las representaciones de la independencia femenina más recurrente en la memoria teatral. Es la honestidad con uno mismo. De este modo, Jessie Etchells pretende, como Nora, ser un personaje teatral que invite a la reflexión sincera sobre la diferencia existente entre los principios propios y los valores por los que se rige la sociedad.  Jessie nace y vive en una sociedad patriarcal para la que la equidad entre mujeres y hombres era inadmisible. Sin embargo, como individuo, como persona, Jessie siente, como muchas mujeres coetáneas a ella, y como muchas mujeres y hombres actuales, que esa equidad no solo es algo que pueden alcanzar sino que es necesaria para que evolucione la sociedad. Pero también hay cambios que hay que hacer personalmente. Y ese es otro de los retos que Jessie Etchells plantea al espectador.

–  Entre las relaciones  que Jessie Etchells reforzó y procuró en Londres a su esposo David J. Leacock, estaba Bertrand Russell, perteneciente al Círculo de Bloomsbury, conocido como Matemático y Filósofo de proyección universal y, luego Nóbel de Literatura en 1950. Aunque ella ya había fallecido a los 41 años, Russell fue huésped después en los años 30 del pasado siglo en la residencia del emprendedor británico en Becerril de Guía, mansión acogedora y rodeada de vegetación entonces, que usted retrata minuciosamente en su trabajo teatral, pero por desgracia hoy se halla en estado ruinoso…

Ese era uno de los aspectos que más me empujaron a escribir esta obra.  Muchas veces observo la casa, hoy lamentablemente en ruinas, y compruebo que me da vértigo pensar que ahí vivieron personas que compartieron tiempo y espacio con personajes tan relevantes e interesantes como Vanessa Bell, Virginia Woolf, Duncan Grant, Keynes, o como apunta, el mismísimo Bertrand Russell. Es decir, la flor y nata intelectual europea del primer tercio del siglo XX en el terreno literario, artístico o social. Esa casa, junto al almacén y la otra casa que perteneció a D. J. Leacock deberían convertirse, por respeto y por justicia histórica, en un faro cultural, en un punto singular y original en la oferta museística insular. Lo merece. Lo merecemos.

–  ¿Cuánto hay de ficción en esta entrega literaria para teatro y cuánto de verdad en torno a su figura central?

Yo parto de que el dramaturgo no ha de ser fiel al documento histórico sino a la humanidad. A toda ella, a los hombres y mujeres del pasado, a los del presente y a los del futuro. Pero esto no me exime de responsabilidad y de respeto para con los personajes. En mi caso, debía intentar responder a una pregunta clave: cuál era, desde mi perspectiva, el sentido de su fugaz vida.  Esta decisión es la que me permite generar no sólo tensión dramática (sin plantear aparente conflicto), sino explorar los mecanismos del azar y de la toma de decisiones que marcan y determinan el sentido mismo de la vida, de la identidad individual y de la gestión de las emociones, que son, en definitiva, los temas nucleares de la obra.

– ¿Qué le atrajo de los personajes para hacer su primera incursión en este género, tras haber probado con su única novela?

La posibilidad para, desde lo personal, desde sus hechos y perfiles individuales, abordar aspectos universales y atemporales.  Sus vidas son tan ricas, tan interesantes, desde la perspectiva histórica, artística, social y hasta psicológica, que aportan unos ingredientes muy interesantes para la dramaturgia. La numerosa y acalorada  respuesta del público en su estreno indica que la identificación y la empatía del espectador con el personaje y su relato es intensa. Muy intensa.

– ¿Después de este éxito inicial en su debut ha descubierto en el teatro algo más gratificante que en la pura novela de sus títulos anteriores?

El punto de partida es el mismo, tanto escribas novela como dramaturgia: el trabajo constante y solitario que conlleva la escritura. Luego, confieso que me he sentido mucho más realizado y contento con el teatro. Es un trabajo colectivo intenso y riquísimo en el que aportas y aprendes continuamente. En ese sentido me es mucho más gratificante el teatro que la actividad netamente individual y solitaria de la novela. Y voy a seguir explorando los caminos que me ha abierto esta experiencia. He disfrutado, he aprendido y me ha aportado tanto el personaje de Jessie Etchells, así como todo lo relacionado con la puesta en escena de la obra, desde un punto de vista intelectual y emocional, que deseo prolongar mi relación con el teatro todo el tiempo que pueda.

– Curiosamente su pasión parece ser la literatura, mientras que su formación universitaria es la de licenciado en Geografía y Ordenación del Territorio. ¿Se equivocó de oficio?

En absoluto. De hecho, yo me siento geógrafo y no escritor. Recuerdo que mientras cursaba los estudios de Geografía, una catedrática nos aseguró que un buen geógrafo debía de ser también un buen escritor. Tengo la enorme fortuna de poder trabajar en lo que me apasiona, que es el urbanismo y la ordenación del territorio, donde he disfrutado a lo largo de veinte años de dedicación en la compañía de magníficos colegas y profesionales y donde he trabajado en proyectos y planes que me han permitido realizarme de una manera plenamente satisfactoria desde un punto de vista profesional. En cambio, y a diferencia de mi práctica laboral, yo solo escribo cuando creo que tengo algo que contar. Soy muy intermitente con la escritura.

– ¿Su adicción por la Literatura hasta qué punto le lleva y le ocupa en su vida?

Leo a diario. Mucho. Me gusta muchísimo leer. Me aporta tanto que no concibo mi vida sin la lectura. Allí donde voy, donde estoy, siempre llevo conmigo un libro, sea en papel o en el dispositivo digital que tenga en ese instante. No le hago ascos a las aportaciones que la tecnología nos ofrece para permitirnos disfrutar de la lectura en nuevos formatos. De hecho, he llegado a leer novelas y ensayos con el móvil. Y a escribir, también, dicho sea de paso. Mi libreta de notas es mi móvil.

– ¿No le dificulta la conciliación laboral y familiar?

Por lo general, duermo poco, así que mientras la familia duerme, yo aprovecho ese tiempo fundamentalmente para leer y escribir sin apenas interrupciones. Esta realidad me permite no quitarle tiempo al trabajo y a la familia para dedicárselo a la literatura. Además tengo la suerte de que Olga, mi mujer, es siempre la primera y la más exigente lectora de mis textos.

-¿Quiénes son sus referentes como autores?

Leo mucha literatura contemporánea escrita en español. Me he encontrado con traducciones tan malas que me han empujado a leer las obras escritas tal y como las concibió su autor, sin intermediarios. Desgraciadamente mi nivel de idiomas no es lo suficientemente bueno como para leer en original a autores extranjeros, así que por lo general leo a autores que escriben en español. Al ser la producción literaria en español tan prolija y variada me es difícil señalarte referentes. Depende del momento. Ahora mismo te anotaría a los dramaturgos españoles Alberto Conejero y Alfredo Sanzol y al colombiano Fabio Rubiano, por ejemplo.

– ¿Le llega la vena literaria de nuestro paisano Benito Pérez Galdós?

Por supuesto. He leído y disfrutado muchísimo con su ingente obra. Qué duda cabe.  De hecho, hace unos días, y gracias al laboratorio Galdós que se ha creado ex profeso en el marco del bienio galdosiano, he vuelto a leer “Tristana” para así acercarme mejor al drama que escribió la grancanaria Irma Correa, basándose en esta obra de Galdós, y que se estrenará en Las Palmas próximamente.

– ¿Qué título y escritor tiene ahora mismo en su mesita de noche?

Estos días leo dos novelas que fueron premiadas el año pasado: la magnífica biografía “A cielo abierto”, de Antonio Iturbe, premio Biblioteca Breve, y “Rendición” de Ray Loriga, premio Alfaguara.

– ¿Está de acuerdo en que no sería objetivo, ni justo, concluir sin reconocer aquí que parte del rotundo éxito del estreno de su obra ha estado ligado también a la meritoria interpretación de la actriz que bordó el papel de Jessie Etchells en el escenario?

Es justo y necesario. La actriz canaria Guacimara Correa ha estado inmensa. Magnífica. Sobresaliente. No es un texto fácil y ella, tal y como le exigió Luis O’Malley, el director, se transforma una vez que pisa el escenario, en una atleta emocional. Está convincente y mayúscula cuando aborda el personaje de Jessie Etchells. El trabajo coral ha sido insuperable. La dirección de la misma que ha hecho Luis O’Malley es original, muy creativa y muy fiel al texto original. Ha tenido un tacto exquisito con la obra, hecho que me ha resultado muy gratificante. Igualmente, Nisamar Díaz, al piano y voz, y Rafa Morán, en la luz y sonidos, complementan y enriquecen con sus aportaciones la escena y la propia obra. El trabajo ha sido tan bueno, tan exquisito, tan redondo, que la productora 2RC Teatro ha apostado decididamente por la obra y pronto se iniciará la gira que llevará Yo soy Jessie Etchells  por los principales teatros del archipiélago.


* Publicado en el diario La Provincia el 23 de septiembre de 2018.

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